¡La práctica es todo!

Hace dos años, empecé a tomar clases de alfarería para poder hacer cuencos para lanas, entre otras cosas. Es una disciplina hermosa, relajante y estresante, al mismo tiempo, que permite poner nuestras manos en movimiento.

Con las distintas piezas, uno puede reconocer el camino recorrido.

Mi primer cuenco es este de color violeta. Es pequeño, pesado y  permite colocar un ovillo chico. 

El segundo, que tiene superposición de esmaltes y una estrella, ya con más experiencia en mis manos, es más liviano y permite una madeja de 100 gramos de lana.

El último, esmaltado con blanco piedra, tiene el tamaño ideal para una madeja de 150 gramos o más, permite colocar las agujas a un costado, si uno lo desea. 

Sin los cuencos anteriores, no hubiera podido llegar a éste último. Como en muchas disciplinas, inclusive el tejer, la práctica es todo. ¡A seguir intentando!

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